miércoles, 7 de marzo de 2007

PRIMERO BOURDIEU, LUEGO GEERTZ, AHORA JEAN BAUDRILLARD - Y QUIEN NOS QUEDA COMO CONCIENCIA CRITICA?

Murió ayer a los 77 años una de las voces críticas de nuestro tiempo. Un trozo de su voz que quedará para siempre en nuestra memoria:


¿Y si la realidad se disolviera bajo nuestros ojos? No en la nada, sino en lo más real que lo real (¿el triunfo de los simulacros?).
¿Si el universo moderno de la comunicación, de la hipercomunicación, nos hubiera sumido no en lo insensato, sino en una enorme saturación de sentido, consumiéndose con su éxito; sin juego, sin secreto, sin distancia?
¿Si toda publicidad fuera la apología no de un producto, sino de la publicidad?
¿Si la información no remitiera ya a un acontecimiento , sino a la promoción de la propia información como acontecimiento ?
¿Si la Historia no fuera más que una memoria sin pasado, acumulativa a instantánea? ¿Si nuestra sociedad ya no fuera la del "espectáculo", como se decía en el 68, sino, más cínicamente, la de la ceremonia?
¿ Si la política no fuera más que un continente cada vez más periclitado, sustituido por el vértigo del terrorismo, de la toma de rehenes generalizada, es decir, la figura misma del intercambio imposible?
¿Si toda esta mutación no dependiera, como creen algunos, de una manipulación de los sujetos y las opiniones, sino de una lógica sin sujeto en la que la opinión se desvanecería en la fascinación?
¿Si la pornografía significara el fin de lo sexual como tal, a partir del momento en que lo sexual, bajo la forma de lo obsceno, lo ha invadido todo?
¿Si la seducción sucediera al deseo y al amor, es decir, también allí el reino del objeto al del sujeto?
¿Si de repente la estrategia sustituyera a la psicología?
¿Si ya no se tratara de oponer la verdad a la ilusión, sino de percibir la ilusión generalizada como más verdadero que lo verdadero?
¿Si ya no hubiera otro comportamiento posible que el de aprender, irónicamente, a desaparecer?
¿Si ya no hubieran más fracturas, líneas de fuga y rupturas, sino una superficie plena y continua, sin profundidad, ininterrumpida? ¿Y si todo ello no fuera entusiasmante ni desesperante, sino fatal? (*)

(*) Fuente: Jean Baudrillard, El otro por sí mismo. Anagrama, Barcelona, 1997.

lunes, 5 de marzo de 2007

NO SER OPTIMISTA, CREER EN LA ESPERANZA - ENTREVISTA A ZIGMUNT BAUMAN


La mirada de la esperanza





“Es tiempo de precariedad”


Acuñador de una feliz metáfora sobre la contemporaneidad, la “modernidad líquida”, Zygmunt Bauman aparece hoy como uno de los más lúcidos pensadores de un presente convulso. Una entrevista y el análisis de su obra nos acercan al pensamiento de este sociólogo de origen polaco, un defensor de la esperanza frente al optimismo.


DANIEL GAMPER - 12/05/2004


Zygmunt Bauman (1925) nació en Polonia en una humilde familia judía con la que emigró a la Unión Soviética tras la ocupación nazi. Tras su paso por el ejército polaco en el frente ruso, fue profesor en la Universidad de Varsovia hasta que con motivo de una campaña antisemita emigró al Reino Unido en donde aún vive. Bauman no es un divulgador de la sociología, pero sus contribuciones a esta disciplina están caracterizadas por un afán ensayístico que no está reñido con el rigor. Autor de “Modernidad y holocausto”, su obra fue estudiada sobre todo en círculos académicos, y no ha sido hasta la década de los noventa que ha pasado a ser conocido y reconocido por un público más amplio a propósito de libros como “Modernidad líquida”, “Globalización”, “Trabajo, consumismo y nuevos pobres”.

Bauman no ofrece teorías o sistemas definitivos, se conforma con describir nuestras contradicciones, las tensiones no sólo sociales sino también existenciales que se generan cuando los humanos nos relacionamos, es decir, la vida misma.


Usted afirma que nuestra época es la de lo líquido, que vivimos en la modernidad líquida. ¿Por qué?

Durante mucho tiempo intenté captar los rasgos característicos de esta época y ahí surgió el concepto de lo líquido. Es un concepto positivo, no negativo. Como dice la enciclopedia, lo fluido es una sustancia que no puede mantener su forma a lo largo del tiempo. Y ese es el rasgo de la modernidad entendida como la modernización obsesiva y compulsiva. Una modernidad sin modernización es como un río que no fluye. Lo que llamo la modernidad sólida, ya desaparecida, mantenía la ilusión de que este cambio modernizador acarrearía una solución permanente, estable y definitiva de los problemas, la ausencia de cambios. Hay que entender el cambio como el paso de un estado imperfecto a uno perfecto, y el estado perfecto se define desde el Renacimiento como la situación en que cualquier cambio sólo puede ser para peor. Así, la modernización en la modernidad sólida transcurría con la finalidad de lograr un estadio en el que fuera prescindible cualquier modernización ulterior. Pero en la modernidad líquida seguimos modernizando, aunque todo lo hacemos hasta nuevo aviso. Ya no existe la idea de una sociedad perfecta en la que no sea necesario mantener una atención y reforma constantes. Nos limitamos a resolver un problema acuciante del momento, pero no creemos que con ello desaparezcan los futuros problemas. Cualquier gestión de una crisis crea nuevos momentos críticos, y así en un proceso sin fin. En pocas palabras: la modernidad sólida fundía los sólidos para moldearlos de nuevo y así crear sólidos mejores, mientras que ahora fundimos sin solidificar después.

¿Qué consecuencias tiene esta inestabilidad para la sociedad y los individuos?

El sentimiento dominante hoy en día es lo que los alemanes llaman “Unsicherheit”. Uso el término alemán porque dada su enorme complejidad nos obliga a utilizar tres palabras para traducirlo: incertidumbre, inseguridad y vulnerabilidad. Si bien se podría traducir también como “precariedad”. Es el sentimiento de inestabilidad asociado a la desaparición de puntos fijos en los que situar la confianza. Desaparece la confianza en uno mismo, en los otros y en la comunidad.


¿Cómo se concreta esta precariedad?

En primer lugar como incertidumbre: tiene que ver con la confianza en las instituciones, con el cálculo de los riesgos en que incurrimos y del cumplimiento de las expectativas. Pero para calcular correctamente estos riesgos se necesita un entorno estable, y cuando el entorno no lo es entonces se da la incertidumbre. Un joven decide estudiar con la esperanza de que se convertirá en alguien con unas habilidades que serán apreciadas por la sociedad, que será un miembro útil de la misma. Pero todos estos esfuerzos no dan ningún fruto, ya que la sociedad ya no necesita individuos con estas habilidades. En segundo lugar como inseguridad, y tiene que ver con el lugar social de cada cual, con las conexiones de los individuos (amigos, colegas, conocidos… ), las afinidades electivas como Goethe y Weber las llamaban, con los individuos que seleccionamos de entre la masa para tener una relación personal con ellos. Para establecer estas relaciones son necesarias por lo menos dos personas, pero para romperlas basta con uno. Esto nos mantiene en un estado de inquietud, ya que no sabemos si a la mañana siguiente nuestro compañero habrá decidido que ya no quiere saber nada más de nosotros. El tercero es el problema de la vulnerabilidad, de la integridad corporal, y de nuestras posesiones, de mi barrio y de mi calle.

¿En qué medida la amenaza terrorista determina esta inseguridad?

El terrorismo es el último factor que se ha añadido para aumentar esta vulnerabilidad. Pero antes existía el miedo de la clase baja, el miedo del inmigrante que ha abandonado su tierra y ya no se siente acogido en ningún lugar. Esto lleva a las comunidades tipo gueto, encerradas en un muro que no permite la entrada de extraños. A esto hay que añadir el creciente número de pánicos a los que nos vemos sometidos: envenenamiento de las substancias, del aire, la comida, los cigarrillos. Lo que hoy es sano mañana puede ser tóxico, mortal. ¿Cómo es posible estar seguro de algo en un mundo así? Se confirma así la sospecha de que el punto neurálgico de la precariedad ha pasado a ser la vulnerabilidad.


Pero, ¿no encontramos ningún elemento estable en la modernidad líquida?


En la modernidad líquida la única entidad que tiene una expectativa creciente de vida es el propio cuerpo. La modernidad sólida confiaba en que más allá de la brevedad de la existencia humana se encontraba la sociedad imperecedera. ¿Quién diría algo semejante hoy en día? Yo mismo tengo 78 años y, sólo durante mi estancia en el Reino Unido, he vivido en cuatro sociedades completamente distintas y eso sin moverme del mismo lugar: eran las cosas a mi alrededor las que cambiaban. Así pues, yo soy el elemento más imperecedero de mi biografía. A este fenómeno lo denomino la crisis del largo plazo: el único largo plazo es uno mismo, el resto es el corto plazo.

¿Qué hemos ganado con el advenimiento de la modernidad líquida?

Libertad a costa de seguridad. Mientras que para Freud gran parte de los problemas de la modernidad provenían de la renuncia a gran parte de nuestra libertad para conseguir más seguridad, en la modernidad líquida los individuos han renunciado a gran parte de su seguridad para lograr más libertad.

¿Cómo lograr un equilibrio entre ambas?

No creo que nunca se pueda alcanzar un equilibrio perfecto entre ellas, pero debemos perseverar en el intento. La seguridad y la libertad son igualmente indispensables, sin ellas la vida humana es espantosa, pero reconciliarlas es endiabladamente difícil. El problema es que son al mismo tiempo incompatibles y mutuamente dependientes. No se puede ser realmente libre a no ser que se tenga seguridad y la verdadera seguridad implica a su vez la libertad, ya que si no eres libre cualquiera que pasa por ahí, cualquier dictador, puede acabar con tu vida. Todas las épocas han intentado equilibrar ambas. La idea del estado de bienestar y las iniciativas que propició en la segundad mitad del siglo XX, como, por ejemplo, la asistencia médica universal, surgen de una comprensión profunda de la relación entre seguridad y libertad. Ya lo dijo Franklin Delano Roosevelt: hay que liberar a la gente del miedo. Si se tiene miedo no se puede ser libre, y el miedo es el resultado de la inseguridad. La seguridad nos hará libres.


En los últimos años se ha concentrado en el concepto de comunidad. ¿En qué medida la seguridad va asociada a la idea de una comunidad cerrada?

Es necesario dejar claro que no puede haber comunidades cerradas. Una comunidad cerrada sería insoportable. Estamos demasiado acostumbrados a la libertad para no considerar que una comunidad cerrada sería como una prisión. Por otra parte, vivimos en un mundo globalizado y la comunidad no se puede crear artificialmente. La sentencia: “es magnífico vivir en una comunidad”, demuestra por sí misma que uno no forma parte de una comunidad, porque una verdadera comunidad sólo existe si no es consciente de que ella misma es una comunidad. La comunidad se acaba cuando surge la elección, cuando el hecho de formar parte de una comunidad depende de la elección del individuo. Nuestras comunidades actuales no son cerradas, sólo se mantienen porque sus miembros se dedican a ellas, tan pronto como desaparezca el entusiasmo de sus miembros por mantener la comunidad ésta desaparece con ellos. Son artificiales, líquidas, frágiles. No se pueden cerrar las fronteras a los inmigrantes, al comercio, a la información, al capital. Hace pocas semanas miles de personas en Inglaterra se encontraron de repente desempleadas, ya que el servicio de información teléfonico había sido trasladado a la India, en donde hablan inglés y cobran una quinta parte del salario. No es posible cerrar las fronteras.

¿Entonces para qué sirve el concepto de comunidad?

Los científicos necesitan el concepto de experimento ideal. Efectivamente, un experimento así, en el que todo está controlado no es posible, pero la idea nos sirve de criterio para valorar los experimentos existentes. O la idea de justicia. No existe una sociedad perfectamente justa, ya que es imposible satisfacer las distintas visiones del mundo presentes en la sociedad. Pero sin la idea de justicia la sociedad sería terrible, sería el “todo vale”. Lo mismo vale para la comunidad, necesitamos la solidaridad que implica, el hecho de estar juntos, de ayudarnos y cuidarnos mutuamente. Somos seres humanos en la medida en que estamos en compañía de seres humanos, no basta con estar en presencia física de otros seres humanos, es necesaria la compañía. Si no existiera la idea de comunidad no consideraríamos que la falta de solidaridad es un error.

¿Cómo se forma y mantiene en la actualidad la solidaridad en las comunidades?

Hay expresiones ocasionales de solidaridad. Piense, por ejemplo, en lo que ha sucedido en España después del terrible atentado en Madrid. La nación se solidarizó con las víctimas. Fue una reacción mucho más bonita que la de los americanos después del 11-S. Ellos expresaron miedo y reaccionaron de manera individualizada, cada cual portaba la foto de su familiar o amigo fallecido. Aquí, en cambio, todos sintieron que una bomba contra cualquiera era una bomba contra ellos mismos. Por ello portaban pancartas en las que simplemente habían escrito de manera ostensible “NO”. Creo que la memoria de estos hechos permanecerá y que ejercerá alguna influencia, en forma de solidaridad, sobre la vida cotidiana. Pero uno nunca sabe lo que puede suceder. En mi anterior visita a Barcelona me impresionaron mucho las sábanas blancas en los balcones, las señales contra la guerra, esa tremenda expresión de solidaridad en toda la ciudad. Mi mujer se preguntó primero si es que en Barcelona todo el mundo hace la colada el mismo día, ya que al principio no podíamos entender lo que sucedía. Supongo que se trata de un modo específicamente español de reaccionar solidariamente. Pero en general, lo que sucede son expresiones ocasionales de solidaridad. A veces no por razones tan nobles como éstas a las que me he referido. Por ejemplo, llevo 33 años viviendo en Leeds, una área muy aburrida, gris, de clase media, en donde impera una indiferencia política absoluta. Desde que vivo allí sólo en una ocasión hubo cierta excitación política con manifestaciones, reuniones, distribución de panfletos y todo eso. El asunto en cuestión era la construcción de un campo de gitanos a cuatro millas de la ciudad. Eso también fue una expresión de solidaridad.

Entonces la solidaridad tiene tanto un sentido positivo como uno negativo?

Sí, eso es lo que sucede con la tendencia de las comunidades a cerrarse. La solidaridad se crea mediante una frontera: un interior donde estamos nosotros y un exterior donde están ellos. En el interior el paraíso de la seguridad y la felicidad, en el exterior el caos y la jungla. Eso es la comunidad cerrada. La palabra no tendría sentido si no implicara la oposición. Y por eso es muy bueno que no podamos construir la comunidad cerrada. Pero también es bueno que tengamos esta idea, ya que podemos discutir sobre el tamaño que debería tener la comunidad. ¿Debería ser tan grande como la de Kant, la “unión universal de toda la humanidad”? ¿ O sólo la comunidad española? ¿O la catalana? Pero ninguna comunidad cerrada incluye a todo el mundo, ya que alcanza su totalidad en tanto que se aísla del exterior, del resto. Es bueno tener la idea de una comunidad que nos incluya a todos, e incluso diría que está en el orden del día. Yo no lo veré porque soy viejo, pero su generación puede acercarse a esa comunidad, ya que las alternativas son demasiado horribles como para pensar que se van a imponer. Nos debemos acercar a la comunidad de toda la humanidad o acabaremos matándonos los unos a los otros.


Pero ¿no apunta el mundo actual hacia lo contrario, hacia el unilateralismo de los Estados Unidos?

Cuando oigo esto siempre me viene a la mente un chiste irlandés: un coche se detiene y el conductor le pregunta a uno que pasa por ahí: “¿Cuál es el camino hacia Dublín?” Y el otro responde: “Si yo quisiera ir a Dublín no saldría de aquí.” Hay mucha verdad en ese chiste. Estoy de acuerdo en que éste es un mundo muy poco propicio para iniciar el camino, sería mejor otro mundo, pero no hay otro que éste. No podemos renunciar a llegar a Dublín sólo porque no estamos en el punto de partida idóneo. Tenemos, es cierto, este imperio mundial de asalto de los EE.UU. que no trabaja para conseguir una comunidad de toda la humanidad, sino que al contrario alimenta el terrorismo y el antagonismo y hace las cosas aún más difíciles. Yo no soy optimista pero tengo esperanza. Hay una diferencia entre optimismo y esperanza. El optimista analiza la situación, hace un diagnóstico y dice, hay un 25% de posibilidades etc. Yo no digo eso, sino que tengo esperanza en la razón y la consciencia humanas, en la decencia. La humanidad ha estado muchas veces en crisis. Y siempre hemos resuelto los problemas. Estoy bastante seguro de que se resolverá, antes o después. La única verdadera preocupación es cuántas víctimas caerán antes. No hay razones sólidas para ser optimista. Pero Dios nos libre de perder la esperanza.

viernes, 2 de marzo de 2007

MEXICO - ESTACION ESPERANZA


Hace 4 meses llegué al DF. A su caos real y a sus multiples posibilidades. México, diverso, hermoso, patriarcal, revolucionario, resistente. Lo aprendí a conocer leyendo a Juan Rulfo y escuchando su voz leyendo Luvina, comprendí porque un amigo dice que Rulfo era un etnógrafo.


Me sigo sorprendiendo cada día de lo que veo, de lo que oigo, de lo que aprendo. Me hacía falta reencontrame con muchas cosas de Latinoamérica, y México es un espacio privilegiado para ello. Tiempos difíciles corren por estas tierras, pero también tiempos de lucha y resistencia. Estoy feliz de pasar este tiempo, aunque haga falta para completarlo el sueño inacabado, que tiene su estación esperanza en Colombia. Encontraré la estación cuando regrese? ...


Estoy aquí, a la espera.

miércoles, 28 de febrero de 2007

DE QUE NOS SIRVE LA MEMORIA?


JESUS MARIA VALLE


Ayer, hace 9 años, cayó asesinado Jesús María Valle. Defensor de los Derechos humanos. Aceptó el cargo que ya había tenido Héctor Abad Gómez, también asesinado, como presidente del Comité de Defensa de los Derechos Humanos en Antioquia. Un cargo marcado con la muerte.
El 11 de julio de 1996, en una entrevista para el periódico El Colombiano, Valle dijo: “Desde el año pasado le pedí al gobernador (...) y al comandante de la IV Brigada (...) que protegiera la población civil de mi pueblo, porque de septiembre a hoy han muerto más de 150 personas”.

Se refería a las masacres de Ituango su pueblo, de la Granja y del Aro. Denunció la connivencia de los militares y de las autoridades políticas con los paramilitares. Sostuvo que las Convivir fundadas e impulsadas por el Gobernador de la época Alvaro Uribe Vélez, las autodefensas y los paramilitares eran la misma cosa.

No le creyeron. Pocos días después Uribe lo señaló como “enemigo de las Fuerzas Armadas” y fue denunciado por calumnia ante los tribunales. Lo asesinaron cuando lo procesaban por calumnia.

Hace poco menos de un mes Salvatore Mancuso, el jefe paramilitar, con una laptop, en version libre ante los tribunales, presentó en estilo gerencial un power point donde ratificó la veracidad, una por una de las denuncias de Jesús María. Mostró la eficiencia de la empresa paramilitar, no mostró las ganancias, ni los accionistas. Bueno, solo algunos que ya se murieron y a los cuales echarles toda la culpa. Mancuso envió a su familia y a sus inversiones (ganadas con el sudor por usar la motosierra) al exterior para protegerlas. Seguramente pasará pocos años en la cárcel y saldrá a disfrutar del Jet Set Monteriano y Bogotano.
Jesús María el día que lo mataron, le dijo a su hermana que era su secretaria personal: “Tranquila Nelly que ya nada podemos hacer. Deje que las cosas pasen”. Dos sicarios acabaron con su vida.

Hoy, Alvaro Uribe Vélez -Será el mismo que lo acusó de calumnia y de enemigo de las fuerzas armadas??- dice que sus opositores y contradictores son terroristas de civil.

De que nos sirve la memoria? Tranquila Colombia que ya nada podemos hacer. Dejen que las cosas pasen. Y que les vaya bien en la finca que para eso las carreteras son seguras.

martes, 27 de febrero de 2007

Del individualismo y la injusticia


Hoy he estado pensando en porqué las personas aceptan que ocurran ciertos hechos que a toda luz son injustos, a veces criminales. En la encuesta sobre actitudes políticas del PNUD en América latina en varios países la gente dijo tolerar ciertos grados de dictadura o falta de democracia con tal de que las cosas para ellos fueran bien. En la emergencia del sujeto moderno, la individualidad ha emergido como la única verdad. El colectivo, solo importa si me beneficia.

A propósito de Colombia, con los escándalos actuales y pasados, desde que me acuerdo, de los 50s, pasando por Trujillo, el palacio de Justicia y Chengue, la gente tiene al frente las evidencias de la injusticia y de sus perpetradores. Hoy sin embargo, rodean a una propuesta autoritaria ligada al narcoparamilitarismo. Con la representación creada que el único problema que tiene Colombia es la Guerrilla, esta propuesta se alza con los ideales de seguridad y bienestar. Para que cada individuo pueda progresar. Y el individualismo rampante hace presa de las personas, que se dicen para sus adentros, bueno que importa unos muertitos más si al final estaré bien y podré ir a mi finca, O en el sector popular “algo debería, por eso le dieron”.

No importan las evidencias que día a día aparecen. La gente sigue obnubilada, cuando no vomitando vivas a “nuestro querido presidente” ¡adelante presidente! Es el grito. Por fin tenemos a un hombre – patriarca con pantalones que no le asustan las gavillas. De esos que dicen “mejor aquí murió y no aquí corrió”. Al final de los muertos, el desplazamiento, los desaparecidos, la guerrilla fortalecida, nos prometen ríos de leche y miel. De los únicos ríos que me acuerdo es del Cauca y el Magdalena con los cuerpos de Trujillo, de Barranca, de San Pablo.

Y es que no sabemos estas cosas, es que las olvidamos? Quizás convenientemente las olvidamos. En esta combinación de machismo patriarcal, del honor, de la fuerza y la violencia y de las pequeñas tranzas e injusticias que cometemos día a día, justificándolas, las personas apoyan el camino fácil, la muerte, la desaparición, el secuestro.

Cuando no se es capaz de reconocer al otro cómo válido, como persona, cuando vemos lo injusto y a pesar de eso justificamos la acción que realizamos, por la razón que sea, estamos construyendo en nuestros pequeños mundos la dictadura. Cuando estigmatizamos y discriminamos por sexo, por raza, por edad, por generación, por identidad sexual, por cualquier característica, estamos avanzando a una sociedad totalitaria. Desde nuestro cuerpo, nuestra casa a nuestro mundo.

Lyotard dice que es en el lenguaje del otro que nos reconocemos a nosotros mismos. Que es el otro nuestro espejo como personas. Allí empezamos a vernos cómo congéneres. Pero para ver al otro se necesita un sentido de la justicia, de que no se puede vulnerar al otro inventándonos razones individualistas. Se requiere de un horizonte ético de justicia desde las pequeñas decisiones individuales hasta las grandes decisiones colectivas.

Según la encuesta mundial de valores, los colombianos somos el segundo pueblo más feliz del mundo. Quizás somos felices en nuestro individualismo egoísta, lleno de desencuentros, de muertes, de criminales que visten bien y de nuestras egoístas razones para ser injustos cada día en pequeños actos.

Un día pensaremos como nuestros indígenas y campesinos que hablaban de “su persona” y el moderno citadino se reía al oír esto: de “supersona”, un vocablo que reconocía al otro por ser lo que es: Un ser humano, una persona. En cambio se le volvió coloquial a la gente el sumercé, instituido por la dominación española. La dominación cumple su tarea y cómo decía Foucault, llega un día en que el vigilante no nos necesita controlar, porque nosotros mismos somos nuestro vigilante.
Afortunadamente, por ahí en algún lugar, pululan las resistencias.

lunes, 26 de febrero de 2007

[fragmento extraìdo de la novela Abaddòn el Exterminador / Ernesto Sàbato]

Desde la UNAM el Popocatepetl


"En cualquier caso, fuera como fuera, era paz lo que seguramente ansiaba y necesitaba, lo que necesita todo creador, alguien que ha nacido con la maldición de no resignarse a esta realidad que le ha tocado vivir; alguien para quien el universo es horrible, o trágicamente transitorio e imperfecto. Porque no hay una felicidad absoluta, pensaba. Apenas se nos da en fugaces y frágiles momentos, y el arte es una manera de eternizar (de querer eternizar) esos instantes de amor o de éxtasis; y porque todas nuestras esperanzas se convierten tarde o temprano en torpes realidades; porque todos somos frustrados de alguna manera, y si triunfamos en algo fracasamos en otra cosa, por ser la frustración el inevitable destino de todo ser que ha nacido para morir; y porque todos estamos solos o terminamos solos algún día: los amantes sin el amado, el padre sin sus hijos o los hijos sin sus padres, y el revolucionario puro ante la triste materialización de aquellos ideales que años atrás defendió con su sufrimiento en medio de atroces torturas; y porque toda la vida es un perpetuo desencuentro, y alguien que encontramos en nuestro camino no lo queremos cuando él nos quiere, o lo queremos cuando él ya no nos quiere, o después de muerto, cuando nuestro amor ya es inútil; y porque nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día, y nuestra casa de infancia ya no es más la que escondió nuestros tesoros y secretos, y el padre se muere sin habernos comunicado palabras tal vez fundamentales, y cuando lo entendemos ya no está más entre nosotros y no podemos curar sus antiguas tristezas y los viejos desencuentros; y porque el pueblo se ha transformado, y la escuela donde aprendimos a leer ya no tiene aquellas láminas que nos hacían soñar, y los circos han sido desplazados por la televisión, y no hay organitos, y la plaza de infancia es ridículamente pequeña cuando la volvemos a encontrar"

domingo, 25 de febrero de 2007

Comienzo

Tomada por: Sebastiao Salgado


Raro establecerse en la maraña de la red. Comencé dando instrucciones a mi hermano sobre como crear el blog y aquí estoy. Supongo que porque en estos dias de soledad hay que decir cosas que se pierdan en el horizonte, para nadie, para tod@s.

Este tiempo está lleno de ficciones que se acaban. Lindas ficciones, sueños, amores que permiten que la vida sea hermosa, pero que un dia te recuerdan que no son reales, que lo real es incoherencia. Creer... siempre pense que creer en el otro o la otra es lo mejor. Y a pesar que cada día me decepcionan sigo pensando que en l@s otr@s me veo a mi mismo. Asi a veces no me guste lo que veo.